Fidel, Premio Nacional de Historia

Dosier

En este cuarto aniversario de la desaparición física del líder indiscutible de la Revolución Cubana, un tributo de recordación, junto a la certeza de que sus ideas continúan viviendo en el que hacer diario de nuestro pueblo.

“[…] aquí me hice revolucionario”

Por María Caridad Pacheco González

Hace 75 años del paso rebelde y visionario del jovenFidel en la Universidad que, según él mismo manifestara, lo había hecho revolucionario. Habíaarribado con 19 años de edad a una instituciónde tradiciones patrióticas desde nuestras luchaspor la independencia y donde figuras como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Rafael Trejo habían dejado una huella indeleble. En más de una ocasión explicó cuáles fueron los factores esenciales que modelaron su formación político-ideológica: el estudio autodidacta, su interéspor la historia nacional y universal, el intuitivorechazo a las teorías burguesas y el estudio de las obras de Marx, Engels, Lenin y Martí.

Cuando Fidel Castro ingresó a la Universidaden septiembre de 1945, Cuba vivía una delas peores etapas de su historia, en la cual se hacían evidentes los rezagos de la revolución frustrada del 33. Uno de los más grandes desengañosocurrió en 1944, a partir del arribo al poder de Ramón Grau San Martín, quien había participado en las luchas contra Machado e integradoel gobierno desde el cual Antonio GuiterasHolmes, como ministro de Gobernación, promulgó medidas de corte antimperialista y popular, pero una vez en la silla presidencial, se esfumaron rápidamente las expectativas que su gobierno había incitado.

En esta época, el sentimiento antimperialista en la Universidad, que en otros momentos habíaluchado contra Machado y Batista, se había debilitado y casi desaparecido. Así era el centro universitario que Fidel encontró cuando arribó como estudiante del primer año de la carrera de Derecho. Elegido delegado de año y tesorero de suescuela por la FEU, en 1947, resultó seleccionado vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho y se involucró en acciones a favor de los derechos democráticos del pueblo, contra la discriminación racial, en defensa de la soberanía nacional y en movimientos de solidaridad con Puerto Rico y República Dominicana.

En un gran acto de masas celebrado el 6 de noviembre de 1947, en el cual participó como uno de los principales oradores, proclamó los objetivosde lucha de la FEU: “En lo universitario, procurar la mayor vinculación entre estudiantes y profesores a través de la reforma del Alma Mater.

En lo nacional, luchar por crear […] la unidad de lucha del pueblo para conseguir verdadera independencia,su liberación económica, su soberaníapolítica y sus libertades democráticas. La definitiva emancipación de nuestra patria es el propósito fundamental de la Universidad”.1

Periódicos nada sospechosos de progresistas o de tendencias de izquierda, como Información y El Mundo, dieron amplio destaque al acto y reseñaronde esta manera los pronunciamientos emitidos allí: “El planteamiento hecho dentro de los ataques y críticas al gobierno, comprendela lucha antimperialista, reforma agraria, socializaciónde la marina mercante, reforma de la primera y segunda enseñanza, respeto a la Constitución y las leyes, tribunales populares para juzgar a los que se han enriquecido desde el Gobierno, y elecciones honradas; todo ello, repitieron, por medio de la lucha unitaria de los estudiantes, los campesinos, los obreros, los hombres y mujeres del pueblo”.

En años posteriores, el joven Fidel estuvo presenteen manifestaciones de protesta por la violaciónde la autonomía universitaria, la defensa de la industria azucarera frente a la restricción de la cuota de importación al mercado norteamericano,el apoyo a las luchas obreras para defender los salarios amenazados con nuevas reducciones y contra los embarques de azúcar a granel, el aumento del pasaje del transporte urbanoy la cuota sindical obligatoria.

En 1948, Fidel llamaba a desarrollar un gran movimiento de protesta en todo el continente

contra el colonialismo y la subordinación de nuestra América al imperialismo, como paso previo al I Congreso Latinoamericano de Estudiantes,que se celebraría en oposición a la Conferenciade la OEA, patrocinada por Estados Unidos, en Bogotá, Colombia. Con este fin, estableciócontacto con líderes políticos y de organizacionesjuveniles de varios países latinoamericanos.

Como resultado de las discusiones, la cita estudiantil se pronunció en favor de la independenciade Puerto Rico, el derecho de Panamá a la soberanía sobre el canal, la devolución a Cuba del territorio ocupado por la base naval de Guantánamo y las Islas Malvinas a la Argentina, así como por la eliminación del colonialismo en América y por las libertades democráticas.

Consecuente con la idea martiana de que “Patria es humanidad”, Fidel se sumó al combate en el levantamiento que protagonizó el pueblo colombiano tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, quien aspiraba por amplio margen a la presidencia de ese país, y sofocada la sublevación,en la cual obtuvo una imprescindible experienciarevolucionaria, salió de Colombia para de inmediato continuar la lucha en Cuba.

En 1949 era incuestionable el crecimiento del movimiento popular revolucionario a pesar de la violenta ofensiva a que era sometido. Tras una fase de defensa, y consolidación,

las fuerzas revolucionariasse lanzaban a recuperar el terreno perdido, amenazando las bases del poder oligárquico representadopor una “democracia burguesa” en franca bancarrota.

En este contexto ocurrió un hecho que motivó la más amplia repulsa de las masas y caló muy hondo en el sentimiento patriótico de nuestro pueblo. El 11 de marzo de 1949 un grupo de marinesyanquis, en estado de embriaguez, profanaron la estatua de José Martí en el Parque Central.

El rechazo popular fue vigoroso y tuvieron lugar manifestaciones y actos de repulsa, en las que intervino, entre otros, Fidel Castro, quien llevó a cabo con su proverbial rebeldía intensos ataques al gobierno por permitir un hecho de tal naturaleza.

Cuando Fidel regresó a la Universidad, despuésde la frustrada expedición de Cayo Confites

para derrocar la dictadura de Trujillo en República Dominicana (1947), decidió matricular

“por la libre”, ya que él había criticado a los dirigentes de la FEU que, por mantenerse en el cargo, se inscribían una y otra vez como alumnos oficiales, dilatando indefinidamente su graduación.

En consecuencia, se consagró completamentea los estudios, de modo que, en apenas año y medio, aprobó cuarenta y seis asignaturas, más de la mitad con la calificación de sobresaliente. Esta hazaña lo hizo acreedor el 13 de octubre de 1950 a tres títulos universitarios: Doctor en Derecho Civil, Licenciado en Derecho Diplomáticoy Consular, y Licenciado en Derecho Administrativo.

Graduado de abogado, se empeñó en defender a los sectores más necesitados, y cuando decidió ocupar un puesto en el Parlamento, para desde allí proponer un programa revolucionario, se postuló por el barrio de Cayo Hueso, lugar dondese habían radicado, a principios del siglo xx, muchos de los tabaqueros que junto a Martí fundaronel Partido Revolucionario Cubano.

A inicios de la década del cincuenta, Fidel comprendió que el proyecto revolucionario cubanodebía fundamentarse de forma articulada con las concepciones martianas más avanzadas y las marxistas y leninistas, porque la independencianacional —en la época de madurez del imperialismo como sistema mundial— tenía que proyectarse hacia el socialismo, en tanto las contradiccionespolíticas y económicas derivadas de la absorción de las economías nacionales por los monopolios yanquis y el desarrollo y consolidacióndel movimiento obrero hacían posible que la revolución política y la social formaran parte de un proceso único e ininterrumpido que podía desarrollarse bajo una misma dirección revolucionaria.

Fidel contaba para llevar a cabo esta ingente tarea con el método político martiano, en el cual la historia y el estudio de las fuerzas sociales y características específicas del país desempeñabanun papel fundamental para trazar los objetivos tácticos y estratégicos en la nueva etapa de la revolución. De igual modo, partió de presupuestosesenciales de la doctrina martiana: hallar solucionespropias a los problemas propios, considerar a las masas populares como verdaderos jefes de las revoluciones, hacer una revolución victoriosa contra el ejército porque los principios programáticos de esa revolución propiciaría que parte de ese ejército se incorporara al torrente revolucionario. Su magnífico alegato en el juicio por los sucesos del Moncada y la lucha guerrilleraen la Sierra Maestra, corroborarían en la prácticala justeza de la aplicación creadora de estos presupuestos.

Después del cuartelazo del 10 de marzo de 1952, Fidel se unió a manifestaciones, escribió en publicaciones clandestinas y comenzó a nuclear a los jóvenes que posteriormente protagonizaríanlos sucesos del 26 de julio de 1953.

Con los fines de encauzar el estado de rebeldía y efervescencia de la juventud y cohesionar sus organizaciones, sesionó en La Habana, durante los días 26, 27 y 28 de enero de 1953, el CongresoMartiano por los Derechos de la Juventud, nombre que adoptó en homenaje al Centenario del nacimiento de nuestro Héroe Nacional. Este evento formaba parte, a su vez, de un amplio movimiento internacional en defensa de los derechos de la joven generación que culminaría en Viena, ese mismo año, en una Conferencia Internacional.

Coincidiendo con la terminación de las sesiones de este evento, el 27 de enero, una manifestación hacia la Fragua Martiana sería iluminada por miles de antorchas. En ese acto patriótico, participó el contingente de jóvenes que, comandados por Fidel, se entrenaba en el manejo de las armas para derrocar la tiranía yque de forma disciplinada y combativa daba gritosde “¡REVOLUCIÓN! ¡REVOLUCIÓN!” Era la juventud del Centenario, que pocos meses después participaría en el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, iniciandouna nueva etapa en la historia de Cuba.

Para ello, Fidel contó con toda la experiencia acumulada en sus años de estudiante universitario, cuando los acontecimientos vividos en su Alma Mater, la de los lances amorosos,triunfos deportivos y manifestacionessolidarias, fueron la forja en la que se hizo revolucionario.

Fidel, aún quedan sus raíces en la tierra

Por Gustavo Espinoza M.

El que no esté con Cuba, con su revolución, con Fidel Castroestá del otro lado, de la ignominia y de la traición.

Si la Revolución Cubana se extinguiera seríamos borrados de la pizarra del mundo.

Pablo Neruda Fidel Castro Ruz es la más destacada figura de América Latina y el Caribe en nuestro tiempo. Y por eso, vive —y vivirá— en la conciencia de todos los que enarbolan un grito de guerra contra la opresión y la injusticia.

Desde aquellos días de 1952 cuando irrumpió en los pasillos del Poder Judicial cubano para interponer una denuncia contra Fulgencio Batista por el golpe de Estado del 10 de marzo, hasta su más reciente y grande victoria, la libertad de los cinco héroes cubanos prisioneros del imperio y arrancados de las cárceles esa memorable mañana del 17 de diciembre del 2014; el itinerario de Fidel fue una concatenación sucesiva de luchas y victorias que suscitan creciente admiración en el mundo entero.

Las batallas de Fidel conocieron los más diversos escenarios y modalidades. Fueron, entre otras, Santiago de Cuba y la heroica jornada del 26 de julio de 1953; el juicio del Moncada y La historia me absolverá; la dantesca prisión de Isla de Pinos; el desembarco del Granma en 1956 y la lucha guerrillera en la Sierra Maestra; la victoria de enero de 1959 y el ascenso al poder; Playa Girón y la declaración del carácter socialista de la Revolución; la Crisis de los Misiles en octubre de 1962; las tareas por la construcción de la nueva sociedad en una isla cercada; la mano tendida al proceso revolucionario latinoamericano y la solidaridad con pueblos y gobiernos progresistas en Asia, África y América Latina; su identificación con el Che; su voz en el concierto de los Países No Alineados; su apoyo a las experiencias de Juan Velasco y Salvador Allende, en Perú y Chile, su enjuiciamiento de la crisis del socialismo; su perseverancia absoluta luego de la caída de la URSS y la batalla final por la recuperación de los suyos, aherrojados en las mazmorras del Imperio. Fue una serie de batallas sucesivas que formó parte de una extensa historia: la del proceso revolucionario latinoamericano, que aún no concluye.

Al cumplirse el cuarto aniversario de su desaparición física, cada uno de estos episodios será evocado prolijamente y de todos, brotará una misma lección: la lucha está planteada en todos los terrenos, porque los enemigos de los pueblos aún tienen poder en diversos confines del planeta.

La lucha de Fidel se libró en los más diversos planos. En el terreno de las armas en los duros años de la guerra, entre 1956 y 1959; pero también después, incluso en la liberación de África y en la decisiva batalla de Cuito Cuanavale que consagró la independencia de Angola. En esa lucha brilló no solo el estratega lúcido y arriesgado, sino también el comandante audaz y valeroso que se jugó entero por la causa de los pueblos. Y en esas luchas creció también en la conciencia de millones, la voluntad de enfrentar el dominio del imperio y abrir cauce al desarrollo emancipador de países que hoy suman verdadera mayoría en el concierto mundial de las naciones.

La batalla se libró también en las tareas cumplidas por la construcción de una nueva sociedad, más humana y más justa.

Encarar los problemas de su pueblo y desarrollar políticas capaces, destinadas a entregar salud, educación, vivienda, empleo y alimentación a millones de cubanos fue un verdadero

paradigma para todos los que pensaron en forjar un modelo de construcción social en el que se dieran la mano la dignidad y el compromiso ciudadano.

La batalla solidaria fue el cenit de esa política. Una solidaridad social que comprometió a todos los cubanos unos con otros para salir adelante juntos, sin desmedro de sus potencialidades individuales,pero viendo siempre en el accionar colectivo de las masas la herramienta transformadorade la sociedad. Esa voluntad solidaria se extendió luego por las más diversas latitudes del planeta, en muchos momentos y en múltiples modalidades. Y se proyectó —desde inicios del siglo xxi— en el accionar de las brigadas médicas cubanas que hoy operan por el mundo llevando salud y vida a millones.

La defensa de los principios estuvo en el centro de las preocupaciones de Fidel de una manera  constante y clara. Fue intransigente en la materia y puso toda la fuerza de su voluntad en la defensa de los que bien podrían ser considerados los ideales supremos de la vida humana: la fortaleza en la lucha y la generosidad en la victoria, indicadores —ambos— de una personalidad bien integrada. Esa política de principios lo llevó siempre a tomar partido por las causas más justas: la solidaridad con Vietnam, el apoyo a las luchas liberadoras en el continente negro, el combate contra la penetración imperialista en América Latina, la identificación con la bandera de la paz y el empeño constante por marcar a fuego el accionar guerrerista del gobierno norteamericano.

En todo eso, fue imbatible.

Y la Batalla de Ideas fue una herramienta decisiva en su mensaje hacia pueblos y gobiernos. No hubo evento internacional; citas de mandatarios; conferencias en universidades y en centros académicos; discursos a las multitudes; entrevistas concedidas a los medios de comunicación y las personalidades de la cultura, el arte y la política, en las que no pusiera empeño en subrayar la decisiva importancia del mensaje. Sus palabras emergen hoy con la fuerza de siempre y se valoran de un modo creciente en los más diversos auditorios.

Como se recuerda, en su vida tumultuosa, fue objeto de numerosos atentados. El enemigo lo acosó siempre y buscó destruirlo a cualquier precio. De todos los intentos salió victorioso y empeñado en perseverar en su identificación con las fuerzas más avanzadas del planeta.

Su deceso, hace apena cuatro años, conmocionó a millones de personas en todos los países. Y es que, parafraseando a Alberto Hidalgo, podría decirse de Fidel con toda propiedad:

La profesión que ejerció fue el entregarse.

Proporcionaba una amistad de higuera, daba alimento y sombra.

Y por eso después de atacarlo la muerte se dio cuenta

de que había abatido no solamente a un hombre, sino a un árbol.

Aún quedan sus raíces en la tierra.

Las razones de un premio

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, líder de la Revolución cubana y fundador del Estado Socialista, ha fijado su notable impronta en las realizaciones educacionales y culturales, que permitieron el rescate de nuestra historia política, social y cultural, y ha sido un sistemático analista, promotor y sembrador de conciencia histórica.

Desde sus primeras lecturas acerca de la historia patria, su encuentro raigal con el pensamiento de José Martí y su asunción temprana del marxismo, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz ha tenido la claridad política, la fortaleza cultural y la certeza científica en cuanto al papel sustantivo de nuestra historia, en la comprensión de la identidad presente y el destino futuro de la nación, y en consecuencia, ha devenido en el más firme defensor de su investigación rigurosa, estudio y enseñanza en articulación con América Latina y el mundo.

Los análisis históricos realizados por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en La historia me absolverá (1954-55), su intervención el 10 de octubre de 1968, en conmemoración de los cien años de lucha, sus discursos conmemorativos, en ocasión del centenario de la caída en combate de Ignacio Agramonte, del centenario de la Protesta de Baraguá, en sus disertaciones con motivo de los aniversarios de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la victoria de Playa Girón y la Crisis de Octubre; en entrevistas y libros, como Fidel y la religión (1985), Un grano de maíz (1992) Cien horas con Fidel (2006), y la compilaciones de sus más recientes Reflexiones, constituyen ejemplos a seguir para arribar a análisis certeros sobre complejos nudos —acontecimientos, escenarios y figuras—

de la historia patria, de América Latina, el Caribe, África y Medio Oriente, Asia, Europa y Estados Unidos.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz fundamenta con su enfoque materialista y dialéctico el papel protagónico de las masas populares y la adecuada interpretación de la personalidad en la historia, demuestra la importancia de la lucha de clases y, en particular, insiste en los contornos de la lucha ideológico-cultural, y subraya el lugar central que en esta ocupa el logro y mantenimiento de la unidad de los revolucionarios, desde una perspectiva emancipadora de dignificación humana y solidaridad militante, eminentemente socialista y antimperialista.

Fidel ha sido durante más de medio siglo, un protagonista excepcional de la historia contemporánea, y los decisivos aportes que ha realizado al conocimiento y la comprensión de la historia, se sustentan además, en su preocupación constante por preservar la documentación, la memoria y la verdad histórica, tanto del proceso de liberación nacional cubano, como del movimiento revolucionario internacional.

El Comandante en Jefe nos ha dado como síntesis perfecta de su visión, praxis revolucionaria y legado histórico, el concepto más completo y multidimensional de Revolución: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado […] es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos[…] es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio […] es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas […] es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.

Fidel Castro es un modelo de eticidad, trabajo y compromiso revolucionario, símbolo de modestia, intransigencia y audacia, de constante preocupación por el estudio, la investigación y superación profesional, de servicio a la causa del socialismo y entrega absoluta a los intereses nacionales, populares e internacionalistas.

Su singular preocupación por el trabajo de la Unión de Historiadores y sus medulares reflexiones en el taller “La historia, el historiador, la sociedad cubana actual y los retos del nuevo milenio”, son guía para la acción de las generaciones presente y futura de los historiadores cubanos.

Por todo lo expuesto, el Ejecutivo de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, en uso de las facultades que le están conferidas, y por voto unánime de todos sus integrantes.

ACUERDA

Conferir, el más alto reconocimiento que otorgala Unión Nacional de Historiadores de Cuba: el Premio Nacional de Historia al Comandante en Jefe Doctor Fidel Castro Ruz y entregarlo en ocasión de la XVIII Feria Internacional del Libro, en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña.

DADO en La Habana a los 17 días del mes de febrero de 2009.

Dr. Cs. Raúl Izquierdo Canosa

Presidente