Fusilamiento del último rebelde: José Leocadio Bonachea

Historia

Por: María Luisa García Moreno

¿Quién es el hombre al que José Martí compa­ró con Maceo? ¿Cuál fue la acción que, según la muy autorizada opinión de nuestro Héroe Nacional, no cedía “[…] ni ante la hazaña estupenda de Baraguá”?

El Apóstol de la independencia cubana expre­só al referirse a José Ramón Leocadio Bonachea Hernández (1845-1895): “El hombre de Hornos de Cal no tiene igual entre los que protestaron de la paz (del Zanjón). Con menos recursos que Maceo, menos prestigio, menos ascendiente, persistió por más tiempo en un gesto supremo y no arrojó nunca un ápice de sombra sobre aquella figura que no cede ni ante la hazaña es­tupenda de Baraguá”.1

Y es que en la hoja de servicios de este oficial mambí, llena de páginas de sacrificio, abnega­ción y heroísmo como la de tantos otros, resalta su rechazo al Pacto del Zanjón firmado por los camagüeyanos el 10 de febrero de 1878, cuando recién, Antonio Maceo obtenía una contundente victoria frente a los hispanos en el combate de San Ulpiano, lo que demuestra que las fuerzas cubanas no estaban vencidas.

Hubo otros jefes mambises, que en increí­ble gesto de rebeldía, se negaron a aceptar la bochornosa paz: Limbano Sánchez capituló el 25 de mayo; el 26, Vicente García y el 27, Beli­sario Grave de Peralta. Pedro Martínez Freyre mantuvo la antorcha de la libertad encendida en la región Guantánamo-Baracoa hasta el 7 de junio.

De la misma forma que los seguidores de Ma­ceo, Bonachea continuó peleando luego de firmado el fatídico Pacto del Zanjón durante 14 meses; en combate alcanzó los grados de teniente coronel, primero, y de coronel, después. Para mantener­se en pie de guerra, estableció un centro de ope­raciones, que incluía Remedios, Sancti Spíritus, Trinidad, Morón y Ciego de Ávila, en territorio villareño, a ambos lados de la trocha de Júcaro a Morón, la cual cruzó en una y otra dirección en 13 oportunidades.

Realizó importantes acciones de guerra como los ataques a Morón, la hacienda El Rubio, Ciego Potrero —donde combatió contra una guerrilla montada—, Vereda de Caballo y La Ceiba —ac­ción en la que atacó a un regimiento de caballería español—; “batió unidades de línea […] aniquiló guerrillas, burló emboscadas y traiciones, recha­zó sobornos y consejos mendaces”.2

El 10 de noviembre de 1878, Calixto García —quien se encontraba al frente del Comité Re­volucionario Cubano de Nueva York—, le con­firió el grado de general de brigada.

Con menos de cien hombres sobre las armas, fue capaz de mantener en su persecución a una gran cantidad de fuerzas españolas; pero, sobre todo, fue capaz de mantener vivo el espíritu in­dependentista dentro de la Isla. Hasta el propio general Arsenio Martínez Campos, el Pacifica­dor, se dirigió hacia Santa Clara con dos batallo­nes para enfrentar a Bonachea y liquidar así al último rebelde; pero no lo consiguió.

El 14 de febrero de 1879 fue sorprendido por el enemigo en un punto entre Cabaiguán y Nazare­no y sufrió tales pérdidas que hicieron insosteni­ble su situación. Aceptó deponer las armas y salir del país a instancias de jefes cubanos de gran au­toridad —como Serafín Sánchez—, quienes aun­que le manifestaron su profunda admiración, lo convencieron de que sus acciones interferían con la labor conspirativa y la preparación de la nue­va guerra. No fueron las armas españolas las que vencieron a este digno oficial mambí.

El 15 de abril de 1879 redactó un manifiesto, que ha pasado a la historia como Protesta de Hornos de Cal o de Jarao (lugar donde se fir­mó, ubicado al sureste de Sancti Spíritus), que fue firmado, además, por el propio Serafín Sán­chez, quien estuvo presente en esta protesta. El documento afirmaba que “[…] se retiraban de la lucha, bajo la inteligencia de que, de ninguna manera, se ha capitulado con el gobierno espa­ñol, ni con las autoridades, ni se había acogido al convenio del Zanjón, ni estaba conforme con él, bajo ningún concepto”.3 Ese mismo día, Bo­nachea abandonó el país junto a sus principales seguidores, rumbo a Jamaica.

Convencido de que existían condiciones para reiniciar la lucha, partió de MontegoBay, Jamai­ca, el 29 de noviembre de 1884, junto con 14 expe­dicionarios, en la goleta Roncador, con el propósi­to de desembarcar en la costa sur de Camagüey. El 2 de diciembre de 1884 llegaron frente al bajo de Las Coloradas, en Niquero, Oriente. Cuando se encontraban localizando el lugar apropiado desembarcar, fueron sorprendidos por una nave española, lo que los obligó a lanzar las armas al mar.

Tras su captura fueron sometidos a un consejo de guerra, que condenó a muerte por fusilamiento a Bonachea y a cuatro de sus compañeros. La sentencia fue ejecutada el 7 de marzo de 1885, en los fosos del Castillo del Morro, en Santiago de Cuba.

José Leocadio Bonachea y la Protesta de Jarao son símbolos de la rebeldía, dignidad e intransi­gencia del pueblo cubano.

1 Centro de Estudios Militares de las FAR: Diccionario en­ciclopédico de historia militar de Cuba, t. 3, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2005, p. 201.

2 ____________: Historia militar de Cuba, t. 2, Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2004, p. 379.

3 Ibidem.