Por Rolando López del Amo
Ya desde el primer tercio del siglo XIX cubano era preocupante el fenómeno de la vagancia, generalmente asociado con la corrupción y la criminalidad. Tan serio debe haber sido el problema que la Sociedad Económica de Amigos del País, llamada entonces Real Sociedad Patriótica, se preocupó por estudiar el asunto y proponer soluciones.
Correspondió al insigne intelectual José Antonio Saco la redacción, en 1831, de una “Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba” en la que explicaría las causas del fenómeno y propondría posibles soluciones. En 1829 había redactado una “Memoria sobre caminos”. Ambas recibieron medalla de oro en concursos de la Real Sociedad Patriótica.
José Antonio Saco y López había nacido en Bayazo el 7 mayo de 1797. A los veinte años de edad se graduó de Bachiller en Derecho Civil en el Seminario San Basilio el Magno, en Santiago de Cuba. Se trasladó entonces a La Habana y asistió a las clases de Filosofía que impartía Félix Varela en el Seminario San Carlos. Saco trabajaría junto a Varela, a quien sustituyó como profesor en el Seminario San Carlos, en la fundación en los Estados Unidos de Norteamérica, del periódico El Mensajero Semanal. Aunque Saco no fue un independentista como Varela, sino un reformista, si mantuvo una muy fuerte posición en contra de la anexión de Cuba por los Estados Unidos.
La “Memoria sobre la vagancia…” resulta un estudio sociológico de mucho interés por la descripción de la realidad cubana en el periodo estudiado (1820-1830). La primera afirmación que Saco hace es la de que la vagancia era un mal que afectaba a todo el país; no había ciudad o pueblo que escapara de él.
Para Saco, una de las causas fundamentales que favorecen la vagancia –y es a la primera a la que se refiere- es el juego. Aseguraba que se jugaba desde la punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio: el vicio cubría todo el territorio nacional. Para enfrentarlo propone una acción represiva por parte de las autoridades, aunque comprende que la represión sola no será suficiente. El apela a los padres, a las familias como células primarias de educación para prevenir que los jóvenes se conviertan en adictos a semejante vicio que tantas desgracias trae a las personas esclavizadas por él y a sus familiares. El juego es una manifestación deforme de la esperanza de mejorar las condiciones de vida y de fortuna. Los adictos, no solo dañan sus propias vidas y las de sus familiares cercanos, sino que el tiempo que dedican a este vicio va en detrimento de la labor útil a la sociedad.
Habla Saco de la existencia de casas de lotería en las que se jugaba a diario. Su público principal eran los blancos de mediana posición en adelante. Las vallas de gallo, en cambio, resultaban, según Saco, “una democracia perfecta” pues allí se reunían blancos y negros y mestizos, jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños, ricos y pobres.
Al reflexionar sobre estos casos, Saco se pregunta si el Gobierno estaba tan debilitado que carecía de medios para emplear a los ociosos, de fuerza para contenerlos y de energía para castigarlos. Y seguidamente planteaba que había que dar al pueblo instrucción y ocupación, alentando la industria y persiguiendo la indolencia. Pide que la ley se arme para herir a los delincuentes y librar a la sociedad de esa plaga.
Otros sitios que convidan al juego son los billares y se queja de la falta de lugares útiles para que la gente ocupe su tiempo libre, tales como ateneos, bibliotecas, museos, paseos bien acondicionados y seguros. El favorece la organización de fiestas en las que se cante y baile, pero que se excluyan los juegos de azar.
Otros sitios que convidan al juego son los billares y se queja de la falta de lugares útiles para que la gente ocupe su tiempo libre, tales como ateneos, bibliotecas, museos, paseos bien acondicionados y seguros. El favorece la organización de fiestas en las que se cante y baile, pero que se excluyan los juegos de azar.
Otro elemento que según Saco contribuye a la vagancia es la numerosa cantidad de días festivos, principalmente por celebraciones religiosas, los que, sumados a los domingos, abarcan la cuarta parte del año.
En relación con los campesinos, Saco indica que la falta de caminos contribuye también a la indolencia en la zona rural. La ausencia de caminos apropiados dificulta el transporte de las mercancías hacia los pueblos y ciudades, lo que provoca que se queden cosechas en el campo y se pierda el esfuerzo realizado por el campesino y su economía se afecte. Si hubiera caminos adecuados, el campesino tendría las vías para hacer llegar sus productos y también muchas personas ociosas podrían dedicarse a la transportación y comercialización de los frutos del campo.
Saco recomienda también que se abran casas para albergar a los pobres y asilos para los niños desvalidos. En ambos casos, se les podría preparar para la realización de trabajos útiles. Ocurría en esa época, que las familias blancas desdeñaban los trabajos manuales de artesanos y obreros como algo denigrante. Eso era tarea de negros y mestizos. El prejuicio esclavista hacia el trabajo físico había perneado a toda la sociedad blanca.
Las cárceles, según Saco, deben también ser reorganizadas para convertirlas en centros en los que el recluso aprenda oficios y desarrolle amor al trabajo.
Las cárceles, según Saco, deben también ser reorganizadas para convertirlas en centros en los que el recluso aprenda oficios y desarrolle amor al trabajo.
Junto a las cárceles, debe reformarse el sistema judicial, cargado de corrupción y abusos. La enseñanza superior debe diversificarse y salir del reducidísimo marco, para las familias blancas, de los estudio eclesiásticos, de jurisprudencia y de medicina, principales carreras además de la militar, fuera de las cuales el resto es desdeñado. Saco reconoce que aunque es lícito que todo hombre escoja la carrera que prefiera, la sociedad tiene el innegable derecho a impedir o coartar las que considere perjudiciales.
Saco pone mucho énfasis en la necesidad de la educación, desde la enseñanza primaria. Le da la mayor importancia a la educación doméstica, la que puede recibirse en el seno de la familia misma. También insiste en la enseñanza para la niñez campesina. Llega a proponer maestro voluntarios o pagar alguna suma si fuere necesario. Para las situaciones extremas propone, al menos, escuelas dominicales matutinas con una suerte de estudios dirigidos.
En la enseñanza secundaria y superior propone que en lugar de aprender lenguas muertas como el latín, se estudie ingles o francés para ayudar al comercio y al conocimiento de lo actual.
Trata de que en el esfuerzo educativo se movilicen todas las fuerzas posibles: los ayuntamientos, las sociedades, las iglesias. Para buscar fondos llega a plantear la revisión de las estructuras de la administración pública vigentes y ver las que se pueden eliminar o reducir para liberar fondos con destino a la educación. También apela a fondos de la iglesia, de aquellos de los que pueden disponer, para obras piadosas, los Obispos diocesanos. A los ricos pide que dejen parte de su herencia para fines educativos. A estas formas añade la organización de conciertos, obras teatrales, etc. de carácter benéfico y hasta tomar fondos de las loterías oficiales y la posibilidad de una suerte de impuesto personal destinado a sufragar los gastos de la educación.
Considera Saco que cuando la educación se difunda por toda la Isla será muy distinta la suerte de sus habitantes. Entonces podrán popularizarse muchos conocimientos útiles a la agricultura y las artes, los oficios, que beneficiaran a la población rural. Propone la creación de periódicos sencillos, de una o dos paginas, que en forma breve lleven al campesino, semanalmente, consejos sobre economía, descubrimientos importantes, máquinas y mejoras para la agricultura, métodos para aclimatar nuevas razas de animales y mejorar las existentes. Mientras trata estos asuntos asevera: “La verdadera economía no consiste en retener el dinero en las arcas, sino en saberlo gastar con provecho, y nunca lo será tanto como cuando se emplee en labrar la felicidad del pueblo” (p.54)
Saco aboga porque se dejen de enseñar cosas inútiles y se de preferencia al establecimiento de cátedras de aquellas ciencias que sirvan mejor a la situación del país y su prosperidad futura, no enseñando en abstracto, sino con la aplicación a ramas particulares. Entre las cosas nuevas que propone están los estudios náuticos que preparen el personal para una marina mercante.
Cree Saco que hay que dar una batalla para desestigmatizar los oficios, las ocupaciones artesanales y de jornaleros para que no se vean como ocupaciones indignas de los blancos y solo adecuadas para negros y mestizos. Esto ayudaría a luchar contra la vagancia porque abriría nuevas oportunidades de empleos. Saco expresa: “Yo no espero que los ricos se conviertan en artesanos; pido tan solo que no los insulten con su necio orgullo”.
A los que aducen que la fertilidad de las tierras de Cuba provocan que se propenda a la pereza, a diferencia de tierras europeas de clima duro que obligan a trabajo arduo, Saco los refuta y dice que si no se trabaja duro, cada cual en su parte, no se lograran buenos resultados. También rechaza la “teoría” de que nuestro clima cálido provoca la vagancia y pone numerosos ejemplos de civilizaciones humanas extraordinarias en climas cálidos como la asiria, la egipcia, la fenicia, la romana.
Saco parte del precepto de que las legislaciones deben proponerse prevenir los males antes que castigarlos. Pero tiene una severa propuesta de cómo tratar a los vagos o desocupados:
1- La autoridad debe compeler a los vagos a que busquen alguna ocupación, la que prefieran, dentro de un plazo determinado.
2- Si no lo hacen por su cuenta, la autoridad los forzará y ubicará en alguna ocupación.
3- Si no aceptan lo anterior se les dará un plazo para que abandonen el país.
4- Si no acatan esto serán condenados a realizar trabajos públicos.
Para el control de la vagancia Saco propone:
1- Crear juntas que se ocupen del asunto.
2- Dividir los territorios en cuarteles con un miembro de la junta al frente para realizar un censo.
3- En el censo deben consignarse los siguientes datos de los censados: nombre, patria, edad, estado civil, profesión, bienes, calle y número de la casa en que vive, y datos del lugar en que trabaje. Todo dueño o inquilino de una vivienda debe informar en un plazo no mayor de dos días, cualquier cambio en la vivienda, ya sea que se marche o que llegue, so pena de ser multado si no lo hace. Con esto se podrá saber quienes viven en cada barrio. Esto no debe ser objetado por ninguna persona de bien, porque solo afectaría a los pillos.
Claro que Saco no critica a la sociedad colonial en sí misma, con la estructura vigente. El solamente propone reformas en nombre del pensamiento más avanzado de la aristocracia criolla no revolucionaria ni independentista. Sin embargo, las observaciones hechas por Saco en su Memoria, retrataban las condiciones sociales de su tiempo y proponían soluciones posibles. La contribución de Saco es parte del acervo del que se fue nutriendo el pensamiento nacional que un día desembocaría en la lucha por la independencia de la nación cubana.
José Antonio Saco vivió en el destierro desde 1834 hasta su muerte en Barcelona en 1879. Entre su obra mayor dejó escrita una historia de la esclavitud.








