Saturday, 08 de August de 2020 01:11
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Enero de Mella y de Rubén

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Por Angelina Rojas Blaquier
Fuente CUBARTE

La vida y la muerte juntaron a estos dos hombres excepcionales en el tránsito a la búsqueda de mejores tiempos.

Mella llegó a la Universidad Nacional justo cuando Rubén se graduaba de abogado y desde entonces, surgió entre ellos una sólida mixtura de maneras de pensar y entender el mundo en que vivían; una identidad que también se evidenció en una profunda amistad, confianza, armonía y cariño entrañables, que no pocas personas anhelarían alcanzar en sus vidas y que muchas veces pierde terreno en el conocimiento por lo prioritario de la épica.

De esa amistad entrañable dejó su testimonio otra alma noble, entera y poco recordada, Fabio Grobart, quien fuera su contemporáneo y también el nuestro. El admirado “polaco”, apenas conoció a Mella, pero intimó y quiso mucho a Rubén y a su compañera Asela, apreció la relación entre ambos líderes revolucionarios como un singular ejemplo de la manera superior que puede alcanzar la consonancia entre dos personas, y que naciera precisamente de la complementariedad de acción y pensamiento en la faena a la que se entregaron desde el primer lustro de la década del 20.

Decía Fabio que Rubén era íntimo amigo de Mella y lo quería profundamente, coincidía con sus ideas y desde muy temprano, aunque miembro prominente del movimiento intelectual revolucionario, desengañado de la politiquería y la  inconsistencia de la vía usada por los Veteranos y Patriotas para modificar la situación,  optó por ayudar a los trabajadores aún con aquellas cavernas en ambos pulmones que lo obligaron muchas veces a mantenerse acostado en su lecho de tuberculoso en la Quinta de Dependientes. Justamente durante uno de esos ingresos aceptó la militancia en el PCC junto a la condición de miembro de su Comité Central.

Relata el legendario dirigente comunista que, cuando el propio día 10 de enero de 1929 llegó la noticia de que Mella había sido asesinado en México, un grupo de la dirección del Partido, entre ellos Rubén, se encontraba reunido, y describe de este modo la reacción del amigo: Rubén Martínez Villena dio un salto de su asiento y se echó a llorar. Es la primera vez, la única vez en mi vida que vi llorar a Rubén Martínez Villena, y eso lo dice alguien que también mantuvo una gran amistad con Rubén y con Asela, tanto por los avatares de la lucha como en la vida cotidiana personal.

Al dolor intenso siguió el impulso de hacer lo único posible en aquel momento, convertir el asesinato del hermano entrañable en cólera incontenible contra Machado, aumentando el odio y el desprecio que ya sentía por el dictador, instante que Fabio narra de este modo: Rubén enojado, disgustado, sumamente nervioso, por la noticia trágica, entre sentarse y caminar nerviosamente por la habitación en donde se encontraban, redacta de inmediato el Manifiesto del Partido donde se condena el crimen y se orienta la actuación de los sectores populares ante el horrendo crimen y la situación de Cuba en general.

En el mismo Rubén expresó:

La palabra es insuficiente para exponer el sentimiento individual, cuánto más no ha de serlo para decir el dolor de una clase, la angustia de un pueblo, la tristeza y la cólera de lo oprimidos  y destacaba: Los trabajadores de Cuba, de la América y del mundo están de duelo porque ha caído un luchador valiente, fuerte y necesario.
Refiérese Rubén a lo infructuoso de todas las gestiones por proteger la vida de  Mella, afirmando que su asesinato marca la fase sangrienta de la etapa de terror seguida por Machado y, en consecuencia, convoca a la clase obrera, los campesinos y la juventud a organizar su defensa y a redoblar la lucha contra la tiranía burguesa de tirano y sus aliados del Norte, diciéndoles: Lucha sin tregua en todos los frentes contra todos los enemigos de nuestra clase, y cita unas palabras que el propio Mella había escrito en agosto de 1926, El grito de los mártires. En ese artículo el líder, premonitorio, dice a Machado: Los que has asesinado, los que ha perseguido, los que has encarcelado, todos los que tiranizas te saludamos llenos de optimismo. Trabajas para nosotros. Mata, encarcela. “La sangre es el mejor abono de la libertad. El pueblo de Cuba triunfará.”

No fue hasta 1933 que fueron traídas al país las cenizas de Mella, y otra vez Rubén, ya de regreso a Cuba, se hizo presente, justo cuando entregaba a la patria sus postreros fuerzas y esfuerzos. Cercano ya a la fecha de su propio deceso, pronunció su último discurso, el de despedida a las cenizas de Mella, desde el balcón del local de la Liga Antiimperialista, en la habanera calle Reina. Allí fue llevado desde el sanatorio La Esperanza y casi sostenido, es el último que se despide de Mella. Era el 29 de septiembre de 1933.

Fabio Grobart, al evocar aquel acontecimiento excepcional, testimonia su necesidad de ligar la muerte de Mella con la de Rubén, su vínculo interno, para demostrar… la grandeza de Rubén Martínez Villena y el cariño que sentía por Mella. Una vez, cuando Mella muere, él llora. La otra vez, abandona su lecho de enfermo, faltándole pocas semanas para la muerte…y va a la Liga Antiimperialista a despedir sus cenizas.

Los dos jóvenes que tanto coincidieron en vida no pudieron hacer menos en la muerte. Uno el 10, otro el 16; uno en 1929 el otro en 1934, pero ambos en enero, continúan transitando juntos por la “muertevida” de sus conductas para enriquecer la historia y la existencia misma, haciéndolo de modo que cada ser humano bondadoso, fiel, digno, valiente, amante de la libertad, pueda asirse a ellas para defender la vida.